El día en agonía susurró su último deseo y entre la rutina y el desasosiego sentí en mi interior ese impulso certero: dejar todo...no hacer nada, no pensar, sólo abrazar sin remedio lo absurdo de lo incierto, no imaginar un mañana, un mas tarde, nuevos sueños... Suspirar y sentir, como nunca, que estoy latiendo este momento, sin espectativas, ni recuerdos, sin ilusión de amaneceres...
Al presenciar este instante que es irreversible, con su sombra amarga y su gastado disfraz, me ha permitido encontrarme con mi alma desnuda y en taquicardia. Ella asustada y desacostumbrada a que le preste atención, suelta el grito que el silencio entre sus labios apretó; supe entonces aunque con el frío que la ilusión al irse nos deja, que estamos justo donde tenemos q estar, atravezando el placentero intento de ser... sin tiempo y sin lugar.
Y que a pesar de las máscaras que usamos para no sufrir, si nos despojamos del miedo las podemos romper, arrojarlas al vacío y saltar sin pretensión.
La libertad es un riesgo que no le gusta al ego...
VAP